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29/7/13

Sobre los orígenes de los relatos de ficción literaria

Cualquier ávido lector habrá aprendido a clasificar las obras de ficción leídas en varias categorías, consciente o inconscientemente. Normalmente, los mejores recuerdos se asocian a aquellas que nos han estimulado alguna emoción intensa. Otras, tal vez nos parezcan entretenidas, pero escasamente emocionantes. Y el resto apenas dejará huella en nuestra memoria, por su irrelevancia. 
Pero, cuál es la clave para escribir una novela emocionalmente intensa. Probablemente, la respuesta se encuentre en el origen de la idea que ha alumbrado la obra. 
Hoy abundan novelas de investigación, en las que el autor vierte los conocimientos adquiridos sobre historia, ciencia o arte, después de haber realizado una investigación sobre la materia. Con esos saberes, el autor recrea una trama  'inventando' a los personajes. Probablemente la historieta sea bastante creíble y esté bien construida, pero rara vez nos suelen emocionar este tipo de novelas. 
Otro tipo de obras se basa directamente en experiencias vividas por sus autores. En ellas, el escritor relata su propia vida, cambiando algunos elementos para evitar identificaciones evidentes. Aunque estas obras suelen tener un componente emotivo, lo cierto es que no suelen emocionar porque se adivina la autobiografía tras cada palabra. 
Otra categoría más, es en la que el autor inventa prácticamente todo lo que aparece en la obra, personajes, espacios, instrumentos. El resultado de estas novelas suele ser desastroso, porque un relato tan escasamente documentado apestará a plagio, basado en otras novelas o, peor aún, en películas. Muchos escritores advenedizos creen saber escribir historias por 'tener mucha imaginación' y suelen crear historias predecibles y plagadas de tópicos. 
Entonces ¿en qué se basan los mejores escritores cuando crean sus obras maestras? Lo que suele suceder es que el buen escritor recorre un camino evolutivo, practicando con pequeños relatos, artículos, cuentos. En ese camino no dejará de leer a otros grandes escritores, de los que aprenderá algunas de sus estrategias narrativas y sus técnicas. Esa trayectoria le reportará las herramientas necesarias para saber 'contar' con maestría una historia. Es decir, contará con los recursos para escribir 'bien' cualquier relato. Pero aún le faltará el ingrediente básico. 
La inspiración.
En algún momento, sin esperarlo, surgirá un destello en la mente, una emoción, una imagen. Será algo tan intenso, que el creador sentirá la necesidad de reflejarla en forma de relato. Ni siquiera será consciente de dónde procede esa sensación, pero va a ser la clave de una obra maestra. Ese destello es fruto de la inspiración, la capacidad mental que nos permite elaborar nuevos productos a partir de elementos empleados con anterioridad. Lo más probable es que esa emoción esté asociada algún vacío existencial, a una duda vital, a un episodio dramático o violento, a un trauma soterrado, a una experiencia intensa. La mente se ha servido de esa emoción y la trasladado a un lugar ficticio, con unos protagonistas ficticios, incluso, en una época ficticia. El escritor toma esa imagen y se sirve de su técnica para reflejarla en la que será una obra maestra.


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